Las reglas de cabotaje prohíben que transportistas y operadores extranjeros muevan carga doméstica dentro de otro país: un operador mexicano no puede llevar carga punto a punto en Estados Unidos, ni un transportista americano carga doméstica en México. Violarlas arriesga multas, decomiso y pérdida de visa.
El cabotaje es el transporte de carga doméstica dentro de un país por un transportista extranjero, y las reglas de México, Estados Unidos y Canadá lo restringen. En términos americanos: un transportista mexicano y sus operadores B-1 pueden atender carga internacional desde o hacia México, pero no pueden recoger en Dallas y entregar en Chicago como comercio doméstico. El espejo aplica hacia el sur, donde la ley mexicana reserva el transporte doméstico a empresas mexicanas, y reglas similares rigen en Canadá. La vigilancia mezcla migración (el estatus del operador), aduana (la importación temporal del tractor y el remolque) y autoridad de transporte.
El cabotaje es la pared invisible que da forma a la capacidad norteamericana. Por él, las unidades y operadores cruzados no pueden mezclarse en las flotas domésticas entre viajes internacionales; por él se cotiza el retorno vacío; y por él la caja corrida, donde cruzan los remolques pero tractores y operadores se quedan en su país, se volvió el diseño dominante. Cumplir es sencillo aunque poco glamoroso: empata cada operador y unidad con carga genuinamente internacional, conserva el conocimiento de embarque internacional con el movimiento, y rechaza esa carga doméstica de regreso que parece negocio fácil. Las olas de vigilancia volvieron esto tema vivo, y su efecto (menos operadores cruzados disponibles, tarifas más firmes) es parte de la matemática del mercado actual.
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