El cargo por combustible ajusta la tarifa conforme se mueve el diésel. En México la mecánica difiere de la americana: el precio del diésel lo moldea el IEPS y su estímulo semanal, así que las tarifas mexicanas suelen cotizarse todo incluido en lugar de indexadas a un índice público.
El cargo por combustible es el componente de la tarifa que traslada el movimiento del diésel a la factura del flete, clásicamente como un agregado indexado que se recalcula cada semana contra un índice público. Esa maquinaria es estándar en el flete contractual americano. México corre con otra tubería: el precio del diésel lo moldea la política pública, vía el IEPS, cuyo estímulo el gobierno ajusta semanalmente para suavizar el precio en bomba. Por eso el diésel mexicano no sigue los índices americanos, y la costumbre de indexar contra un promedio nacional de Estados Unidos mapea mal sobre el tramo mexicano. El transportista mexicano suele cotizar todo incluido y repreciar cuando el diésel se mueve lo suficiente, y cada vez más desglosa las casetas, un costo genuinamente grande en las autopistas, junto al combustible.
En los tramos cruzados, deja explícito qué régimen de combustible rige qué tramo. Un contrato que indexa toda la tarifa puerta a puerta a un promedio de diésel americano desajusta el tramo mexicano en ambas direcciones. Patrones que funcionan: indexar el tramo americano a la usanza y manejar el mexicano todo incluido con un detonador de repreciación definido (movimiento del diésel más allá de una banda pactada, o del tipo de cambio, porque si compras diésel en pesos y facturas en dólares también cargas riesgo cambiario); o negociar redondo todo incluido con revisiones programadas. Sea cual sea la estructura, escribe los detonadores en la confirmación de tarifa.
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